Septiembre suele asociarse con nuevos comienzos. Después del verano, muchas personas sienten que llega el momento de recuperar las rutinas, organizarse y plantearse nuevos propósitos. Empezar el gimnasio, mejorar la alimentación, estudiar un idioma, dedicar más tiempo a la familia o avanzar en algún proyecto personal son algunos de los objetivos que pueden aparecer en esta época del año.
Sin embargo, esta sensación de “volver a empezar” también puede convertirse en una fuente de presión. A veces queremos cambiar demasiadas cosas al mismo tiempo y esperamos resultados rápidos. Cuando no conseguimos cumplir todo lo que nos habíamos propuesto, aparece la frustración y podemos interpretar que hemos fracasado.
Por eso, establecer objetivos en septiembre no debería consistir en transformar nuestra vida de un día para otro, sino en identificar qué queremos mejorar y avanzar poco a poco hacia ello.
¿Por qué septiembre nos hace querer empezar de nuevo?
El comienzo del curso, la vuelta al trabajo y la recuperación de los horarios habituales generan una sensación de cambio. Después de un periodo más relajado, septiembre funciona para muchas personas como una especie de punto de partida.
Esta percepción puede ser positiva si nos ayuda a revisar nuestras prioridades y recuperar hábitos que nos hacen sentir bien. El problema aparece cuando convertimos septiembre en una obligación para conseguir “nuestra mejor versión”.
Pensar que tenemos que aprovechar el mes para cambiarlo todo puede generar expectativas poco realistas. Además, compararnos con otras personas o con una versión idealizada de nosotros mismos puede aumentar todavía más la presión.
Cómo establecer objetivos en septiembre de forma realista
1. Elige pocos objetivos
Uno de los errores más frecuentes consiste en hacer una lista interminable de propósitos. Queremos hacer ejercicio, comer mejor, dormir ocho horas, leer todos los días, ahorrar, estudiar, pasar más tiempo con nuestros seres queridos y, además, ser más productivos.
Intentar cambiar demasiadas conductas simultáneamente puede resultar agotador.
Es preferible elegir uno o dos objetivos prioritarios y dedicarles tiempo y atención. Una vez que esos cambios estén más integrados en nuestra rutina, podremos incorporar otros.
2. Convierte los deseos generales en acciones concretas
“Quiero cuidarme más” es una intención positiva, pero demasiado general. Para convertirla en un objetivo alcanzable podemos preguntarnos qué conducta concreta queremos incorporar.
Por ejemplo, podemos sustituirla por “voy a caminar 30 minutos tres días a la semana”. De esta manera, sabemos exactamente qué queremos hacer y podemos comprobar nuestros avances.
Los objetivos concretos también permiten adaptar nuestras expectativas a la realidad de cada persona.
3. No confundas motivación con constancia
Al principio de septiembre podemos sentir mucha motivación. El problema es que esa motivación no permanece siempre al mismo nivel.
Por eso, no conviene depender únicamente de las ganas para mantener un hábito. La constancia se construye también mediante pequeñas acciones repetidas.
Habrá días en los que tengamos más energía y otros en los que nos resulte más difícil cumplir nuestro objetivo. Eso no significa que hayamos fracasado.
4. Acepta que habrá días malos
Un objetivo realista debe contemplar los imprevistos. Una semana complicada en el trabajo, una enfermedad, problemas familiares o simplemente un día de cansancio pueden hacer que no cumplamos lo que habíamos planificado.
En lugar de pensar “ya lo he dejado, así que no sirve de nada continuar”, es más saludable interpretar ese momento como una pausa.
La clave no está en hacerlo perfecto, sino en poder retomarlo.
5. Evita utilizar la culpa como motivación
La culpa puede llevarnos temporalmente a actuar, pero no suele ser una buena estrategia para mantener cambios a largo plazo.
Frases como “soy un desastre”, “nunca termino nada” o “no tengo fuerza de voluntad” transforman una dificultad puntual en una valoración negativa sobre nosotros mismos.
Es mucho más útil preguntarnos qué ha impedido cumplir nuestro objetivo y qué podemos modificar para que resulte más sencillo la próxima vez.
6. Valora el proceso, no solamente el resultado
Cuando nos marcamos una meta, es habitual pensar únicamente en el punto final. Sin embargo, los cambios importantes suelen construirse mediante pequeños avances.
Si queremos hacer ejercicio, por ejemplo, no deberíamos valorar únicamente si hemos alcanzado una determinada condición física. También podemos reconocer que hemos conseguido crear una rutina, que somos más conscientes de nuestras necesidades o que hemos aprendido a organizar mejor nuestro tiempo.
Reconocer estos avances ayuda a mantener una relación más saludable con nuestros objetivos.
¿Y si septiembre no es el momento de cambiar?
También es importante recordar que no tenemos que aprovechar septiembre para empezar nada.
Las redes sociales y determinados mensajes relacionados con la productividad pueden transmitir la idea de que siempre deberíamos estar mejorando. Pero descansar, mantener lo que ya funciona o simplemente adaptarnos de nuevo a la rutina también son objetivos válidos.
No existe una fecha concreta para cambiar un hábito ni es necesario esperar a septiembre para comenzar algo. Cada persona tiene sus propios ritmos y circunstancias.
Si la presión por cumplir objetivos genera ansiedad, frustración constante, sensación de fracaso o una exigencia difícil de controlar, puede ser útil consultar con un profesional de la psicología.
Conclusión
Septiembre puede ser una buena oportunidad para revisar nuestras prioridades y plantearnos objetivos en septiembre, pero no debería convertirse en una carrera por cambiar nuestra vida en pocas semanas.
Establecer metas concretas, realistas y adaptadas a nuestras circunstancias permite avanzar sin exigirnos una perfección imposible. También es importante aceptar los días difíciles, aprender de los pequeños tropiezos y valorar el proceso.
En psicólogos Logroño podemos ayudarte si la llegada de septiembre está generando ansiedad, frustración, exceso de autoexigencia o dificultades para adaptarte a los nuevos objetivos y rutinas. Trabajamos para comprender qué está provocando el malestar, identificar los pensamientos y situaciones que pueden estar aumentando la presión y desarrollar estrategias que permitan afrontar esta etapa con mayor equilibrio y bienestar emocional.
Y si necesitáis apoyo desde cualquier lugar, también ofrecemos atención mediante psicólogo online, facilitando un espacio de intervención psicológica adaptado a tus necesidades para trabajar la ansiedad, la autoexigencia, la gestión emocional y las dificultades relacionadas con los cambios y nuevos objetivos.

